A
mí no pertenecen los conceptos, las ideas. Tampoco
las estructuras.
Nada cabe decir de la superioridad de aquellos que se llaman iguales a mí su superioridad es obvia, lucido opino ahora sobre este soporte, la necedad del pensamiento pétreo e indignante. Dejemos fluir aquello que nos aflora, permitámonos ser lo k realmente somos sin tildar de aberrantes pensamientos que no lo son.
Nada cabe decir de la superioridad de aquellos que se llaman iguales a mí su superioridad es obvia, lucido opino ahora sobre este soporte, la necedad del pensamiento pétreo e indignante. Dejemos fluir aquello que nos aflora, permitámonos ser lo k realmente somos sin tildar de aberrantes pensamientos que no lo son.
Errantes
y franqueables los amaneceres se muestran. Eludiendo de este modo la
mediocridad del “humano demasiado
humano”

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