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Memoria de una visión. Retrato de un cobarde by Manuel Peris Giner is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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miércoles, 6 de julio de 2011

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.




Contigo aprendí a ver el sol, a contemplar las estrellas.
Contigo aprendí a discernir, distinguir y alejar.
Juntos reinventamos la formula con la que sobrevivir en estas aguas.
Juntos. Nuestros caminos se separaron y aun más se separan.

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.



                                         3


Solo era un niño cuando se cernió Abandono sobre él. Once velos le cubrían,  once infaustos y delirantes.
Allí decidió que era el momento, que la hora había llegado. Tornando su cejo y adquiriendo pose de gesta empuño en ristre su alma y con ella atravesó su corazón.

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.




                                         1

Parado en medio, de este lago freudiano, la cabeza y barbilla altivas, los ojos perdidos. Mientras albergaba una condición y su mente, su ente “Yo” relata historias perplejas de un pasado que solo eso es, pasado y no presente.
Sus pies ya anclados en el firme de la ironía, despiertan entre hormigueos y latigazos del sopor insípido al que años llevaban sometidos. Por cobardes.
Ladeando uno de sus dedos consiguió que la mano y a su vez el brazo siguieran su estela señalando la posibilidad del primer de su segundo primer paso.
Creyó ir lanzado hacia una carrera por el abandono, en la que cada instante parecía más lejano, más presente, más inerte mas eterno así cual más vivo.
De esto hace ya no tanto tiempo, pero entre ataduras y visillos en vigilia le acompañan. Día a día, noche tras noche.

Solo helo allí, aun sometido a ellas.


                            
                                          2

Cada mañana, todos tenemos una costumbre, la cual cumplimos con fervosidad y alevosía. La suya era olerse el hombro izquierdo.
No mató a ningún  hombre, no le apunto con una pistola y apretó el gatillo. Su crimen solo fue amar.
Amar el Conocimiento, la Sabiduría, El Saber.
Aquel día empezó a notar que algo cambió, era diferente. Empezó a oler las sensaciones. Ya era tarde, su mundo había cambiado a una continua y creciente experiencia de eclosiones olfativas.