Juntos, conseguimos que un amor naciera entre dos
continentes. Juntos logramos
que creciera y se hiciera fuerte.
Juntos debemos preservar la longevidad de esta
nuestra gran historia. Esa historia que orgullosos un día le contaremos a
nuestros nietos, entre risas y comentarios.
Frente la lumbre estaremos
sentados familiares y hermanos, cuando nuestras palabras fluyan evocando
nuestra historia. No falta de contratiempos y altibajos, pero siempre llena de
un amor puro, pétreo y eterno.
Nuestra vida será tal y como
la imaginamos, tal y como un día comentamos. Como el sueño que siempre tuve
desde que fui adolescente.
La vida no siempre se porta
con uno tal y como a el mismo le gustara que lo hiciera pero yo, eso no lo puedo
decir, pues conmigo si cumplió y me dio lo que siempre había deseado.
Ella te trajo a mi vida y
eso es algo que nunca podre dejar de agradecerle, al igual que nunca podre
dejar de agradecer todos esos buenos momentos que me has dado, esas sonrisas
que me brindaste cuando conmigo hablabas, y seguro que también cuando te
acordabas de mi, o como aquel día que te quedaste despierta hasta que yo llegue
al trabajo, un día memorable. En él nos hicimos tantas promesas.
Promesas que yo nunca
quebrantare y nunca dejare de lado ni olvidare.
Muchas veces peco de vivir
de manera muy pasional las cosas, tanto lo bueno como lo malo.
Esos momentos que en mi
nunca mueren, siempre están vivos, momentos que todos los días recuerdo,
recuerdos que me dan vida y me ayudan a seguir hacia delante.
Momentos y sensaciones que
vuelvo a experimentar cada vez que se cruzan por mi mente, en mi cabeza.
Intento estar tranquilo y
sosegado pero mi amor por ti me mueve y empuja, y no me deja ni un momento de
“standby” realmente siento que estoy vivo. Altos, bajos, subidas, bajadas. Pero
nunca un estado medio. Me haces sentir real.