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Memoria de una visión. Retrato de un cobarde by Manuel Peris Giner is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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lunes, 11 de julio de 2011

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.


Kim Phúc


Entre miradas
de semejantes interraciales.
A través de rumores,
ensordecedores y letales.
Tres gacelas inocentes corren,
silenciosas de la mano cogidas.
Tres de puntillas casi brincando,
sobre la serpiente corrían.

Parecían mudas o idas, 
hilarantes sus bramidos emitieron 
de un dolor desconcertante.
Con arañazos cortaba el cielo, 
en cada zarpazo de avance,
la bestia negra de occidente.
Recuerdo de aquella joven gacela
que del fuego griego huyó.

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.


Historias de tribu: 

“el hombre  del desierto de piedra”

     Samuel había cumplido 18 años, ya era mayor de edad. Había llegado el momento que Sahib, su abuelo, tanto había esperado.

Desde que los padres de Samuel habían muerto, en una situación fuera de lo normal, él se hizo cargo de su nieto. Y a su vez de una daga que perteneció a su padre y también al padre de este y de esta forma nos podríamos remontar a una época muy antigua.
Sahib cito a su nieto en la cabaña, en la cual lo esperaba sosteniendo el preciado regalo. Samuel tendió las manos y recogió la daga mientras escuchaba las palabras sabias de un anciano:

-        Cuida bien de tu daga y ella cuidara bien de ti.
-        La daga no es un arma de ataque pero te ayudara a defender tu honor y tu familia.
-        ………

Tras salir de la tienda, Samuel, se acerco a la tienda de Ramis, como era tradición en la comunidad.
“Si no tienes dinero no puedes comer, si tienes 20 cabezas, no podrás apenas comer, con 40 no pasarías casi hambre y con sesenta vivirías bien”.

Samuel al frente de 90 cabezas puso rumbo a su destino según las indicaciones de Ramis.
El sol desfilaba en lo más alto. Tras varias horas de caminar por las montañas llego al desfiladero que anunciaba: el camino por recorrer es más corto. Cuando empezó a penetrar en el, tres hombres de una comunidad vecina, le apuntaban con sus AK-47. Tras empujones, burlas y bromas a su costa le arrebataron su daga y con ella su honor, su dignidad.
Samuel corrió a llevar las cabras a su destino, las encerró y como alma que lleva el diablo regreso al poblado. Entre palabras sollozantes intento explicar a Banu lo hechos acaecidos horas antes. Ante tal historia Banu como hombre de la guerra llamo a  Rahib y emprendieron la búsqueda de la dignidad robada. Persiguieron durante un día entero y parte de otro pero llegaron a los límites de la comunidad. Allí  dieron con los tres hombres. Entonces comenzaron los tiros. Banu sigilosamente consiguió deslizarse tras uno de los perseguidos. Lo capturó, los otros dos consiguieron escapar. Al reo se le desposeyó del arma y se le obligo a marchar sin ella. Profiriéndole así la misma vergüenza que el había causado a Samuel.
Banu gran conocedor de las costumbres de las comunidades vecinas les pidió a sus compañeros que aguardaran allí mismo.
Él tenía un amigo tras los límites de la comunidad y pensó que debía  informarle de lo ocurrido, evitando así represalias. Allí se dirigió sin ningún tipo de arma ya que las leyes dicen que no se puede matar a un hombre desarmado.

A su regreso Banu trajo con él noticias. En dos días se reuniría el consejo de tribus formado por ancianos y jefes de las distintas comunidades para intentar subsanar las ofensas cometidas y así evitar el derramamiento de sangre.
El principal cometido es evitar las guerras y derramamientos innecesarios de sangre entre comunidades vecinas.
Tras enunciar los hechos por ambas partes se inicia un fervoroso debate entre los representantes de las distintas comunidades.
Entre groserías la comunidad vecina hizo un alegato inoportuno y fuera de lugar. En ese momento el rey de las comunidades intervino recordando que la posibilidad mas real era que lo acaecido formaba parte de una venganza por hechos ocurridos en la guerra que se dio setenta años atrás.
Y este fue su laudo:
- “Hay actos lejanos, ya, en el tiempo que se deberían quedar allí, lejos. Samuel recupero su daga y se repuso la ofensa con el regreso del otro joven sin su arma. Por parte de este ya debería olvidar lo que su antepasado contaba ya que la norma general en este tipo de  historias es que la exageración sea directamente proporcional a la cantidad de odio que se alberge por la misma. Estamos en tiempos de paz”.

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.



Lo mas hondo de mi alma,
                        es lo mas grande de mi ser.