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Memoria de una visión. Retrato de un cobarde by Manuel Peris Giner is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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jueves, 21 de octubre de 2010

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.

                                                         7

                              EL HOMBRE ENAMORADO

                    Apareciste frente a mi, en una pantalla.
                                        Y si, hablamos
                                ¿Donde andas corazón?
                                  ¿Donde mueres alma?


                      Si, pudo quedar todo en unas risas,
                            En un suspiro, pudo acabar.
                                Y yo ajeno al murmullo,
                                  sordo del mundo voy.


    El Tiempo vende un mar de dudas, que sin quehacer observan al mundo siempre desde la barrera.   
      -   Vende, pues, mi alma al Viento. Que el Viento decida, y que con ella murmure al mundo las antiguas canciones, de este " el hombre enamorado".    
      -  OH, Viento susurrante. Tu que en Tiempo moras, haz a un lado tu manto purpúreo y que languidezca, en su honesto nacer,  entre las piedras.     
    Nuestro amor crecerá fluctuante,  y nunca baldío y triste. Fluctuante y pétreo seguirá creciendo recordándonos cada día. El porque, un día tu y yo, nos enamoramos.     
   La visión memorable, aquel sublime recuerdo que hoy por hoy, esta fresco y sigue vivo. Renace cada día al despertar y converge en su trascurso, día tras día en el centro de mi pecho, que me hace elevar el mentón y subir la mirada, en un atisbo de ignorancia, desafiando al Mundo, al Tiempo, al Viento. 

    Pues ahora ya, por fin, expuestos mis sentimientos quedan. Mira bien a este "el hombre enamorado" que por ti vive y por ti llora, que por ti ríe y gracias a ti goza.             
    Goza de la visión del mundo que tú le otorgaste, esta que me regalaste la que como estandarte alzo en las noches anheladas de ti, en mi solitud plena.      
      - Gran Morfeo, concédeme este deseo:        
      - Permite me dormir, soñar, y sin dejar de disfrutar de este recuerdo, de la visión memorable que fresca y viva esta, que renace cada día al despertar con la brisa vespertina, y que murmura la historia de aquel hombre, que un día el alma al viento vendió, y que ahora con ella susurra, las antiguas canciones de este "el hombre enamorado".

Memoria de una visión. Retrato de un cobarde.


                                       6

      AQUEL AL QUE OTORGÁIS LA GRANDEZA 
                         DE LLAMARLE DIOS


   Me inculcaban que todos formábamos parte del ternario, que todos éramos iguales, al igual que el. Y yo les creía, a pesar que cada vez que me miraba al espejo (literal y figuradamente) no podía obviar lo que mis ojos veían ante ellos. Los años pasaron pero no sin pena ni gloria. Los conflictos internos aumentaban y el dolor y el sufrimiento de tener que abandonar y dejar de lado mi verdadero yo, se arraigaba en mis adentros.
   Un día llegue a olvidar en mi consciente la verdad de mi naturaleza, conseguí desterrar a otro plano toda mi esencia. Hasta el punto, en el que me vi sumido en un abismo de intolerancia hacia mi mismo. Caí en un pozo de desesperación y un halo de indecisión comenzó a desterrarme de aquel mundo, de aquella vida y de aquella realidad que siempre  me habían dicho, que también eran los míos. Un día tras acumular la suficiente rabia y desesperación y que mi consciente fuera capaz de entre ver una minima parte  de mi verdadero yo,  retrocedí, y con paso firme, asome la cabeza he hinque el hombro hacia aquel mundo que un día creí que también era mío, pues las reglas doctrinales que durante  todo mi crecimiento me inculcaron todavía pesaban en mi raciocinio. Pero cuando parecía que iba a recuperar lo que antaño me pertenecía, aquel al que le otorgan el don del ternario, intercedió y me obligo a regresar, pues en aquel momento mi verdadera forma, la esencia de mi yo era la que el día en que nací, me pertenecía por naturaleza. Aquel al que le otorgáis la grandeza de la generosidad, el amor, la bondad del pastor de la humanidad del poseedor de las siete virtudes. Aquel que me hizo lo que soy, el que me rechaza y me odia, aquel que no me perdona y el mismo que desde el mismo momento de mi fecundación me regalo esta condena que me niega  la existencia.