Pensé tantas
veces en dejarlas pasar, una a una,…todas juntas.
¿Era, yo, joven?
La duda en mi
presente, ya, ocupa un lugar que no le pertenece. Suspiro y no sé por qué,
mi esencia, desata alaridos apológicos
doctrinos.
Y caminé
desvalido, el acuciante destino. Destino al que burle, eludiendo mi estrella.
Ahora desando cansado y viejo un retorno, que ya no es retorno. Solo un
recuerdo. Sin luces, sin sombras. Solo un recuerdo.
Cuan grandes
parecen las cotidianidades de antaño y que tortuosas se revuelven las
ecuaciones.
Que lastima. Qué
pena cada vez que oigo perderse en la lejanía la risa inocente de juego
infante. Mira bien, aprendiz alevín. Tal vez esto, pronto, pase a formar parte
de la historia. ¿Cómo evolución? ¿Cómo amputación?
Escucha bien,
Amigo. La razón no solo es la ecuación que permite discernir las soluciones por
medio de la retorica si no está basada en la causalidad que genera la emocionalidad
y la emotividad. ¿Metafísica?
A menudo me
quedo sin aire, falto de... Practificando un idilio fractal de aferrantes
cadencias existenciales. Pienso en aquellas cosas que mantienen el fuego
eterno, vivaz y cautivo ahondado, día a día en esencias humanas.
Fíjate
“Vicente”, cada uno de nosotros somos reflejos austeros de la unión de nosotros
mismos. De nuestra inicionalidad tántrica, la que solo alude, imita, y es un
único comienzo. Una única esencia, un solo Yo.
La fatiga,
hace tiempo, que hizo mella en mi rostro, en mi cuerpo. Y ahora ya, casi
consumida la estabilidad, se centra en el raciocinio, en la inclinación
analítica del reencuentro con las resoluciones pseudoestadísticas (je….je)
¡Joder! Al
final solo quedan estiradas palabras que quedan vacías, sucias y pedantes si
solo se tratan como meras iracundas expresiones.
Tras el
intento de hacer caso a los consejos alusorios conceptuales, vertidos
prejuiciosos por los que dicen quererme. Cedo a las austeras intenciones de
“reparación” de aquello que creen disfuncional o equivoco. Sin darse siquiera
cuenta que no son ellos los que hablan, sino sus ansias de venganza. Generada
por su propia incapacidad de aceptación de sus carencias. Por no nombrar la
incapacidad, a la que deberíamos someternos los humanos, de juzgar e impartir
una justicia personal e individual.
Solo el estar
vivo es estar feliz. Le dijo el muerto al vivo.
Jajajajaja Ríeme a mi mismo.