Descienden
en tropel,
al igual que la octava maravilla del mundo debiendo ser ellas la novena, inclinándose en demasía.
al igual que la octava maravilla del mundo debiendo ser ellas la novena, inclinándose en demasía.
No
hacia el Cocito, ni el Lete. Tampoco al Flegetonte, ni siquiera al Aqueronte. Si
no rumbo fijo al Estigia.
La conmiseración
de Caronte no las acompañara, ni Cerbero las custodiara. Tampoco recibirán la
escala Orfea, ni dones ofrecidos por Tetis. Solo sus fijas ideas destronadoras
perjuran y argucian una vana venganza utópica, urdiendo sus propias condenas
eternas.

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