Anoche,
cuando recordaba como mis dedos pululaban por las hondonadas de los
afluentes de tus pechos.
Consegui
ver entre penumbras, la niña de tu vientre.
Ese
rostro niveo y encarnado. El desden de sus cejas y esos labios
voluptuos, aunque, a su vez temerosos y timidos incapaces de
mostrarse al mundo.
Nunca
podra negar su fisionomia griega.
Solo
con ver a su madre, solo con sentir o intuir su amaneza ella colgara
su postrer de elocuencias diafanas.
Me
pediste que a ti te escribiera. Que te dedicara unas lineas, pero mi
propia incapacidad ciega el instinto de expresión.
A
cada minuto, mas veraces, se vuelven los anhelos incautados, robados.
Ahora toda esa emocionalidad se vuelve límpida, hermética he
intransigente.
Como
derrotar el saber de una vida peor alejado del fruto de tu vientre.
Aun teniendole tan cerca, pero siendo tan solo un sobrino.
Siempre es mejor vivir una mentira que permanecer en una falsa realidad.

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