Poco a poco aprendo,
me
acostumbro a reír junto a mi llanto.
Con cada uno de mis cambios emocionales,
ya solo sonreír
puedo.
Y no solo es el mohín de mi parca sonrisa,
también es la
dejadez intrínseca en cada una de los bandazos.
Los vuelcos que a mis entrañas someten.
Los vuelcos que a mis entrañas someten.
Y si tan solo fuese eso.
Pululantes. Latentes desdichadas bajo su capa cobija para que, puedan envestir anhelantes de mis desquicios toda aquella escalada literata,
con dogmas pragmáticos. Inútiles.

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