Entran Cenio y Teran
Teran: -Anoche pude ver frente a mi plantado, mi figura idéntica. Me pareció que movía la cabeza y mi intento por hablar quedo cegado por la perplejidad de mis ojos enfermos.
-No dude en alargar el brazo he intentar tocar ese espectro pero la aparición pareció deslizare sobre el suelo a la vez que con movimiento sutil parecía vanamente alejarse. De mi depende dar crédito a las palabras e intentar escapar de la calumnia.
-Soy cauto pues no hay mejor defensa que el miedo. Yo no soy pastor inicuo que altanero ignora sus propios consejos.
-Ya no se escuchan clarines y trombones, ya no danzan los violines. Este hombre será marcado, este ser será aberrado.
-Donde intentas conducirme blanca locura. Se dice que un día fui hombre, no solo un recuerdo cebado en olvido.
Cenio: -De nuestros labios, Teran, nunca las palabras salen. No intentare con artimañas ridículas intentar convencerte mas me vería obligado a negar lo anteriormente visto.
-Teran, amigo. Recuerda pues siempre la cuestión que obrador te torna y deja que yo Cenio le acompañe en su viaje.
(De sopetón y a trompicones entra Laia)
Laia: -Corred, Teran, corred. Cayó postrada al suelo y sus mejillas ennegrecieron.
-Cuando me acerque todavía pude ver como la ponzoñosa enfermedad avanzaba por sus venas.
-Llego la hora hermano. Llego tu momento.
-Cuando me acerque todavía pude ver como la ponzoñosa enfermedad avanzaba por sus venas.
-Llego la hora hermano. Llego tu momento.
