La gente me pregunta el porque de este mi comportamiento.
Pero mis actos no radican en ningún
porqué, o en algún tipo de enmarañado preluviniano, a excepción de esas dos
escenas repetitivas que se dan a lo largo de mi vida. Dos que forman una, una
que parece separarse antes de volver a unirse. El acto de decir no me gusta la
gente, me siento fuera de lugar y la imagen repetida de yo rodeado de gente
provocado y buscado por mí. No necesito
de su compañía, ni de su tertulia ni siquiera de lo que son y pueden dar en si.
Tan solo me apega la necesidad de saber que la humanidad todavía existe, y no
por tener miedo a la soledad, o ser el único individuo de mi especie. Solo por corroborar
mis sueños.

0 comentarios:
Publicar un comentario