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La acción cotidiana del ser transmuta la
actividad termodinámica del envejecimiento de las células, transgrediendo el vínculo físico que
las une para formar un todo.
Trasciende al movimiento evolutivo del
ser dando, así, lugar a una serie de alteraciones genéticas que promulgan la
perpetuidad de la especie dando razón a la afirmación “la necesidad crea el
individuo que marca, el crepúsculo de una nueva bifurcación en la creación de
la nueva generación”

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